groserías
Un contador de groserías y muletillas que solo cuenta tu propia voz
Cómo dejar de decir groserías y quitar las muletillas cuando el conteo es honesto: la app escucha todo el día, reconoce tu voz entre las demás y no guarda ni un segundo de audio.

«Casi no digo groserías» — eso cree casi todo el que nunca se ha contado. La primera semana honesta suele terminar en sorpresa: no porque uno sea peor de lo que pensaba, sino porque un hábito no se ve desde dentro. Kyndsy cuenta groserías, muletillas y palabras cálidas en el propio teléfono y muestra una tendencia, no una sentencia.
Por qué «simplemente dejarlo» no funciona
Las groserías y las muletillas no son una decisión, sino un automatismo. Se dispara más rápido que el pensamiento: cuando uno está cansado, con prisa o acaba de ser interrumpido. La promesa de «desde el lunes» pierde contra esa velocidad, no por falta de carácter, sino porque la decisión llega después de la palabra.
Lo que sí funciona es ver dónde y cuándo ocurre. No «digo muchas groserías», sino «los jueves por la tarde después del trabajo, el doble». Ahí el hábito deja de ser un rasgo de carácter y pasa a ser una circunstancia.

Qué cuenta exactamente la aplicación
Tres direcciones a la vez. Duro — groserías e insultos. Muletillas — «eh», «o sea», «en plan». Palabras cálidas — gracias, perdón, una petición, un elogio. Una app que solo cuenta la mitad mala te informa cada noche de lo malo que eres; se borra al tercer día.
Los números se dan por cada mil palabras dichas, no en unidades: en un día de silencio un contador crudo mostraría un progreso que no existió.
Solo se cuenta tu propia habla
Esa es la diferencia real frente a los «detectores de groserías» que cuentan todo lo que oye el micrófono. Kyndsy primero compara la voz con tu propia muestra y solo entonces envía el fragmento al reconocimiento.
El orden importa más de lo que parece. La verificación va antes del reconocimiento: lo que no se reconoce como tu voz nunca llega a convertirse en texto.

Ni un segundo de audio sale del teléfono
El reconocimiento funciona en el propio dispositivo. El sonido vive segundos en memoria, se convierte en contadores y desaparece: sin archivos, sin transcripciones, sin envíos a un servidor. No hay cuenta, solo un número aleatorio.
Puedes comprobarlo de la forma más simple: apaga internet. Los contadores siguen funcionando, porque no tienen nada que enviar.
Qué pasa a las dos semanas
La primera semana es medición: uno conoce sus números reales y deja de discutir con ellos. La segunda trae los primeros cambios: las tardes son más difíciles que las mañanas, y las conversaciones en casa no se parecen a las del trabajo.
Después ya no trabaja el contador, sino el entrenador: un hábito a la vez, y la comprobación no se hace con pulsaciones, sino con lo que cambió en las conversaciones reales.

Cien maneras de mirarte
Leer sobre ello es una cosa. Diez de los tests están abiertos aquí mismo: sin instalar nada, sin cuenta, sin guardar nada.